Tres de cada cuatro niños de hasta 12 años odian su cuerpo por la influencia de las redes sociales

Por: Cristina Galafate / El Mundo

Cada vez hay más evidencias de cómo el mal uso de las redes sociales está dañando la salud mental de la población. Un nuevo estudio de stem4, la organización benéfica de salud mental juvenil, revela que a tres de cada cuatro niños de hasta 12 años no les gusta su cuerpo y se avergüenzan de su apariencia, aumentando la estadística a ocho de cada 10 jóvenes de 18 a 21 años.

Se trata de una de las mayores encuestas efectuadas entre niños, adolescentes y población en transición a la vida adulta sobre los riesgos actuales y futuros de las redes sociales, que acaba de difundir el británico The Guardian. Una muestra de 1,024 personas. En ella casi el 50% de los interrogados reconocieron odiar su físico y haberse vuelto retraídos, la práctica de ejercicio excesiva, el fin de la socialización por completo o las autolesiones infligidas debido al acoso o al engaño que provoca esa idealización que genera comparativas erróneas y envidias.

“Niños y adolescentes tienen un fácil y temprano acceso a las redes sociales y tristemente en ellas se da una importancia excesiva a la imagen corporal”, alerta Laura Palomares, psicóloga de Avance Psicólogos. Lo peligroso, según esta profesional, es que se idealiza una imagen extrapolada y casi imposible. “Filtros, poses y demás aplicaciones tratan de moldear un físico que raya una perfección inalcanzable e incluso irreal, ficticia y que puede llegar a influir en la auto percepción de nuestros jóvenes”.

Cuatro de cada 10 jóvenes admitieron tener problemas de salud mental en este estudio, con cerca de uno de cada cinco experimentando auténticos problemas de malestar con su imagen corporal y el 14% llegando a prácticas peligrosas como una alimentación extremadamente restrictiva, con atracones de comida y provocándose el vómito. En estos casos más graves, solo uno de cada 10 recibió tratamiento o ayuda externa profesional.

Desde stem4, responsable de propagar estos datos y basada en Londres, se incide en la necesidad de un mayor esfuerzo para mejorar la comprensión del impacto negativo que ejerce el contenido de las redes sociales en la salud mental de los jóvenes “y el refuerzo creado a través de algoritmos”, explica la Dra. Nihara Krause, psicóloga clínica consultora, directora ejecutiva y fundadora de este organismo de Reino Unido.

Allí, precisamente se ha disparado estos días el debate sobre la responsabilidad de las redes sociales tras apuntar un tribunal por primera vez a Instagram y Pinterest por el suicidio de Molly Russell, de 14 años. Esta niña fue hallada muerta en su habitación la mañana del 21 de noviembre de 2017 en Harrow, Londres. Cuando su padre, Ian Russell, revisó el correo electrónico de la joven en busca de alguna posible explicación de la tragedia, pues la familia no sospechaba nada, encontró un mensaje en Pinterest titulado “Pins de depresión que te pueden gustar” hacía solo dos semanas.

Al continuar indagando en las redes sociales de su hija, se percató de que ella compartió o reaccionó en Instagram ante más de 2,000 publicaciones relacionadas con el suicidio, las autolesiones o la depresión. Una cuestión favorecida por el algoritmo de las redes sociales, que muestran el contenido más similar al que busca el usuario, convirtiéndose en un círculo. Sus búsquedas siguen generando publicaciones desencadenantes, lo que agrava el problema.

En octubre de 2022, ambas tecnológicas tuvieron que participar en un proceso legal debido a los efectos negativos de contenidos en internet que podían haber afectado a su salud mental, abocándole al suicidio. La historia de Molly ha supuesto, por tanto, un cambio significativo a efectos de la opinión pública y ha provocado una crisis, al menos de imagen y proyección pública, en Meta, la compañía matriz de Instagram, y en la comunidad de Pinterest. Eso sí, sin afrontar ninguna de ellas multas o sanciones.

Redes como las citadas, Facebook, TikTok y Snapchat no aceptan a menores de 13 años, pero ese dato se puede falsear. De ahí los preocupantes datos de esta encuesta, donde se muestra que el 97% de los niños de hasta 12 años están presentes en las redes sociales. También existen herramientas de control parental, pero un 70% de los sujetos menores preguntados admitió pasar una media de tres horas y media al día consultándolas aunque, reconocen, les hacen sentir estresados, ansiosos y deprimidos. No en vano, el 95% admitió la dificultad a la hora de dejar las redes sociales.

La psicóloga Laura Palomares señala que es importante tratar de mantener una comunicación y escucha activa con los hijos. “Esto requiere de una atención regular y cotidiana, centrada en resonar con sus preocupaciones, emociones y necesidades de forma constante y no puntual”, como clave fundamental. Aunque el día a día no permita apenas tiempo, añade, “si conseguimos ratos a diario de calidad con nuestros hijos, aprenderán a reflexionar, regularse emocionalmente y a sentirse valorados”. Resultará fundamental para prevenir estas situaciones y la influencia de las redes sociales en sus vidas.

La experta anima a ayudarles, desde el debate y la reflexión, a ver que las redes abusan de una exposición excesiva de su vida e imagen, y que en ellas se juzga casi constantemente lo que se sale de un estereotipo idealizado. “También es fundamental no facilitarles el acceso a móviles y otros dispositivos demasiado temprano”.

Cada día, los jóvenes se enfrentan a una pantalla donde sus referentes, famosos e influencers, cuentan con físico muy marcado e idealizado, advierte Palomares. “El hecho de compararse y querer alcanzar una imagen concreta puede llevarles a cambiar conductas en su ámbito privado, como comprobar constantemente las redes sociales y desarrollar una actitud obsesiva e incluso compulsiva, generadora de mucha ansiedad y en ocasiones de depresión”. El refuerzo de los “me gusta”, además, “denota una excesiva dependencia de la aprobación social”, añade la especialista.

En otro estudio del pasado mes de noviembre publicado en PLOS ONE, se analizaron los mensajes predominantes en TikTok en Estados Unidos y la etiqueta #weightloss [pérdida de peso] contaba con más de 10.000 millones de visitas. Un 44% de los vídeos investigados ofrecía contenido sobre la pérdida de peso y el 20% mostraba procesos del antes y el después de una persona tras adelgazar. Pero lo alarmante es que solo 1,4% de dichos vídeos era publicado por nutricionistas cualificados.

“El cerebro no termina de desarrollarse hasta los 28 ó 30 años de edad, ¿hasta qué punto puede un niño o un adolescente asumir esta presión de imagen constante? “Retrasar el acceso a dispositivos, pantallas y, desde luego, a las redes sociales, al menos hasta los 15 años sería beneficioso. Pero lo cierto es que viven en un mundo donde la tecnología es lo normal y habrá que encontrar ese equilibrio entre su uso moderado y exposición gradual, para que no se sientan desplazados de su realidad”, recomienda Palomares.

La autoestima de un joven, continúa la psicóloga, requiere del hábito de comunicación, escucha y límites. “Esto genera un vínculo de seguridad que les hace sentir respetados y valorados por quienes son, no por lo que hacen o por sus logros si un día sacan un sobresaliente y lo celebramos con ellos puntualmente. Esta es la mayor protección que podemos darles para ser emocionalmente independientes y que no tengan que buscar la aprobación fuera”. De lo contrario, buscar el reconocimiento en forma de like les convierte en más vulnerables, concluye.

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