Los calvarios cutáneos de los equipos de protección

La pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2 ha abocado al personal médico al uso constante de los equipos de protección individual (EPI), lo que conlleva un sufrimiento evidente de la piel. De hecho, un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Nanjing de China y publicado en Advances in Wound Care concluye que el 42,8% de los médicos que tratan a pacientes infectados por el Covid-19 sufre lesiones cutáneas graves debido al uso de EPIs.

El Grupo Español de Investigación en Dermatitis de Contacto y Alergia Cutánea (Geidac) ha constatado que se ha producido un aumento de patologías cutáneas. La dermatitis de contacto irritativa es de las alteraciones más frecuentes, sobre todo en las manos, así como exacerbaciones de enfermedades preexistentes como acné, rosácea, dermatitis seborreica, dermatitis atópica y urticaria por presión.

Este Grupo recomienda, en primer lugar, un cambio frecuente de guantes porque mantener los mismos demasiado tiempo favorece la maceración de las manos causando dermatitis irritativa de contacto. Por el mismo motivo, nunca se deben poner en manos húmedas. La hidratación es fundamental. Hay que usar frecuentemente emolientes que se aplicarán tantas veces como lo permita la jornada laboral y fuera de ella. Es de extrema importancia usarlas durante el descanso nocturno.

El uso durante largas horas de la mascarilla favorece la aparición de xerosis, eritema, eccema seborreico, acné o rosácea. El Geidac aconseja evitar el maquillaje, usar cremas hidratantes, lavar la cara con agua templada y jabones suaves sin fragancias, y si hay problemas cutáneos con un tipo concreto de mascarilla, intentar usar otra con similar nivel de protección pero de materiales diferentes.

Las pantallas, gafas anti salpicaduras y gafas estancas pueden causar eritema o urticaria por presión, prurito o dermatitis de contacto. Las recomendaciones son aplicar hidratantes faciales antes y después de colocarse los EPIs, y utilizar equipos que se ajusten al macizo facial sin crear daño por presión; en la media de lo posible, se deben alternar distintos tipos de gafas que se ajusten en diferentes zonas.

La hiperhidrosis, que puede alterar la microbiota cutánea, o la dermatitis de contacto irritativa en pliegues son dos posibles consecuencias del uso de batas impermeables y buzos durante muchas horas. Para evitarlo, son efectivas duchas cortas con agua templada y emolientes a diario tras la retirada de los EPI.

El empleo prolongado de sistemas que ocluyen el cuero cabelludo (gorros o EPIs con capucha) puede dar lugar a prurito, foliculitis o dermatitis seborreica. Es aconsejable llevar el pelo corto o recogido durante el trabajo y lavarlo antes que el cuerpo tras la retirada del EPI con agua templada y champús neutros, realizando un masaje con los pulpejos, nunca con las uñas.

Comentarios

Suscribete hoy

Click edit button to change this text. Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit